La economía del conocimiento… Por: Saúl Orta.

Es sobradamente del conocimiento que este siglo XXI en que vivimos, es el siglo de la era global de la información –la revolución de las comunicaciones-, (aldea global), de la cibernética, del Internet, el software, hardware, la globalización económica, etc., etc., La aparición de nuevas energías (el automóvil eléctrico) que podrían en un futuro cercano ser sustitutas de las tradicionales (las fósiles). Sin dejar de mencionar también que ya estamos en el mundo de la robotización industrial –la inteligencia artificial- (el desplazamiento del hombre por la máquina). Pero de igual forma es el siglo de la economía del conocimiento –la tecnología nuevo motor económico-; de la cual nuestro país ya lleva dos décadas de retraso. El mundo ha cambiado sustancialmente en conocimientos científicos y, en nuevas tecnologías. Sin embargo la pobreza humana no disminuido en el planeta, y principalmente en los países subdesarrollados, pero con más énfasis en nuestra región de Latinoamérica. Mientras países como Venezuela y Nigeria entre otros tantos, con enormes recursos de materias primas, siguen teniendo la más altas tasas de pobreza. “Los países que más avanzan no son los que venden materias primas ni productos manufacturados básicos, sino los que producen bienes y servicios de mayor valor agregado. Los que solicitan y registran más patentes de nuevos productos y tecnologías en beneficio del hombre y la economía” (…) Entonces, la mayor parte de los ciudadanos venezolanos nos preguntamos: ¿Para qué nos ha servido ser un país con grandes recursos de materias primas, pero mayormente en petróleo? –Según el Banco Mundial: en 1960 las materias primas constituían 30% del producto bruto mundial, en la década de 2000 representaba apenas 4% del mismo. El grueso de la economía está en el sector servicios, que representa 68%, y en el sector industrial, que representa 29%. (…)- Ya ha pasado un siglo (100 años) en que nuestro país se convirtió en un país –mono productor- dependiente en casi un cien por ciento de la renta petrolera. Y, aunque en todo ese tiempo hemos logrado importantes e innegables avances en lo político, lo social, lo económico y en lo infraestructural del país, no hemos todavía superado nuestro subdesarrollo y la dependencia petrolera. La pobreza no se ha logrado disminuirla a niveles soportables. Hoy no se puede negar que en el país existe una grave crisis económica, con una hiperinflación y escases de los productos más indispensables para la vida. Para muchos investigadores sociales -Sociólogos, Antropólogos, Economistas, Estadistas, políticos. etc., - para reducir la pobreza hay que mejorar los niveles educativos (la educabilidad- categoría pedagógica-), “definida como la disposición, la ductilidad o la plasticidad individual para recibir influencias y para elaborar sobre ellas nuevas estructuras espirituales”… (…). Para lograr avances en la calidad de la educación y por ende en la ciencia y la tecnología, entre otras tantas cosas. Otras opiniones sostienen: “La clave de la reducción de la pobreza y el desarrollo sostenible, no es solamente la economía, sino la educación”… (…) Pero todo eso pasa por la despolitización política-partidista-ideológica de la educación –“La educación es algo demasiado importante como para dejarla en manos de los gobiernos”- (…). Por elevar la calidad de la educación –nuestro Talón de Aquiles-; el profesionalismo y el academismo de nuestros educadores en todos sus niveles, pasando por la dignificación de la profesión del educador; elevar su estatus social y económico. El mayor recurso natural a salvo de un país, está en el cerebro de su gente. Para otros analistas políticos de la región: “El problema de la desigualdad en Latinoamérica no es un problema únicamente del crecimientos económico, sino de la educación.” O aquello que dijo Bolívar: “Se nos ha sometido más por la ignorancia que por la fuerza…” Estas dos primeras décadas del actual siglo XXI, los venezolanos las hemos perdido con la imposición de un modelo político errático, desfasado, anacrónico, ya fracasado en la práctica y, que no se encuentra establecido en ninguno de los articulados de nuestra Carta Magna –una ignominia aceptada e instalada-. Discutiendo sobre ideologías e utopías ¿cuál es mejor?, si el capitalismo, el socialismo, el comunismo para hacernos llegar al vórtice de lo absurdo- etc., etc., La obsesión del régimen por la historia, desenterrando y paseando ataúdes de próceres centenarios y – otro de este siglo XXI, del nuevo culto a la personalidad- (“Todos vivimos del pasado y nos vamos a pique con él”- J.W von Goethe). No negamos el valor que tiene la historia y nuestros próceres. No hay nada malo que el país examine su pasado, honre a sus héroes y los idealicen. Pero que al país se le sumerja en una aberrante pasión necrológica como finalidad política de querer ponernos a todos a mirar todo el tiempo hacia el pasado, para que dejemos de mirar para adelante, hacia el futuro –una ciudadanía resignada y sin entusiasmo-. Usando la historia como una estrategia para ensalzar y justificar caudillos militares –la bota sobre la nuca-. O en una perorata antiimperialista para justificar todas nuestras ineficiencias y errores –el imperio es el culpable de todos nuestros males-, como una pérdida de tiempo, como factor paralizante para la construcción del futuro del país. Desviando de esta forma la atención de los sufrimientos y los temas más prioritarios del país. Finalmente todas estas reflexiones que hemos citado en este artículo serán posibles en nuestro país con un cambio del modelo político, para establecer un nuevo proyecto político-económico y social –los ciudadanos como centro de la dirigencia política, la ciudadanización de la sociedad- sustentado en un sistema democrático amplio e incluyente, que permita el concurso de todas las potencialidades de nuestros recursos humanos, que todavía nos quedan en el país, a pesar del éxodo de muchos de ellos. Crear las condiciones de estabilidad, de confianza, de seguridad y perspectivas de un futuro promisorio, para reducir la diáspora y regreso de muchos de los que se nos han ido. Otros tiempos vendrán ¿Quién puede detener el viento?

HUMOR GRÁFICO

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