2017 ¿Qué hacer? Por: Saúl Orta

¿En qué condiciones arriba Venezuela a este año 2017 que recién comienza? El país no puede -no aguanta más, estamos viviendo una situación límite- seguir en el mar de las incertidumbres, el escepticismo o en la negación; un país pre-apocalíptico. Somos un país en el que a pesar de haber contado recientemente con los más altos precios del petróleo, que generó una gigantesca e histórica renta petrolera jamás obtenida por país alguno en este continente. Que no sirvió para un proceso de industrialización del país, el progreso, el desarrollo y la disminución de la pobreza, sino todo lo contrario, la desindustrialización que generó el aumento desmedido de las importaciones y la quiebra económica del país. Sin embargo a pesar del asistencialismo, los subsidios, las misiones sociales y el dadivismo; los problemas sociales derivados de la pobreza siguen intactos y algunos de ellos se han agravado. Se jactan de decir que esto es una revolución socialista-marxista, que si en verdad lo fuera, creyeran en el trabajo productivo y, no en el asistencialismo improductivo. El gobierno ha utilizado la pobreza como una moneda de cambio para su discurso político. El crecimiento desmedido de la pobreza ya es notable en la mayoría de los sectores de la sociedad, donde la mayor parte de la población no logra satisfacer sus necesidades básicas de alimentación y medicinas (algunos venezolanos lastimosamente hurgando en los depósitos de basuras en procura de algún alimento). La población arrinconada ante una inflación –mata pueblo- de las más altas del planeta, que ha destrozados sueldos y salarios sin ningún tipo de consideración humana (el mercantilismo especulativo salvaje). La muerte causada por la situación de inseguridad y de violencia social cotidiana; una guerra que ha sido decretada por la vorágine de la violencia delincuencial, de una delincuencia impune desbordada e incontrolable, que compromete también a muchos funcionarios civiles y militares en la consumación de delitos. Venezuela está considerada como el segundo país más violento y más corrupto del orbe. El año 2016 que acaba de finalizar, las cifras de muertes violentas estuvieron cercanas a los 30.000 homicidios (por encima de Siria, que se encuentra envuelta en una guerra civil desde hace varios años), según cifras de las ONG encargadas del seguimiento de la inseguridad, porque el Estado no ofrece cifras de ninguna especie. Ya no solamente se roba por un celular, unos zapatos o de cualquier otro bien personal; ahora están robando y hasta matando a cualquier persona de a pie por las bolsas de comidas que pueda llevar consigo. El país cayéndose a pedazos frente a todo nuestro pueblo. Ya estamos sintiendo las primeras dentelladas de un caos de una explosión social en ciernes. Todos los venezolanos sin distinciones políticas y sectarias estamos obligados a atender el llamado de salvación de la patria. Cuando escribo estas notas no es porque me considero político, ni porque estoy interesado en la actividad política como tal. “Juventud no me sobra. Ignorancia, seguro”. Pero si tengo la sensación de que uno puede hacer mucho, y eso podemos hacerlo todos. Todos tenemos que lograr una Venezuela en la que todos, todos, podamos tener una vida digna, pero con las diferencias, pues no creo en la igualdad, sino en los derechos. El momento no es de ningún partido o líder político. Venezuela es de todos los venezolanos y tenemos que reconstruirla entre todos los venezolanos. Es necesaria la reconstrucción de la unidad de los factores políticos de la oposición, para el análisis y la autocritica sana de los errores que pudieron haberse cometidos -rectificar es de sabios, seguir cometiendo errores es de necios. Los errores cometidos son para aprender de ellos, superar las deficiencias y las limitaciones, no para autodestruirse. Caer en una confrontación interna de los factores políticos de la unidad, sería entregarle en bandeja de plata al gobierno los logros alcanzados hasta ahora en la mesa de la unidad nacional. La unidad nacional que exige este momento el país, no puede seguir siendo única y exclusivamente de los factores politicos-partidistas del país. Se hace necesaria además la conjunción de los esfuerzos de toda la sociedad (la oposición social) para reactivar la movilización social y la defensa del único y legítimo poder autónomo, y representativo que conquistó nuestro pueblo el pasado 6 de diciembre del 2015, como lo es la AN. Reitero, es urgente ir a la reconstrucción de un proyecto de unidad nacional incluyente también de los vastos y diversos sectores sociales, económicos e institucionales del país (Iglesias -todas-; militares institucionalistas; trabajadores; sindicatos; sector empresarial –todos-; partidos políticos –todos-; incluyendo al chavismo honesto y defraudado, (estamos obligados a reconocer al otro, aunque no sea fácil; no se puede borrar del mapa a unos venezolanos que no piensan igual. Para poder estar juntos, algunos tienen que ceder sus ambiciones omnipresentes de imponerse sobre el resto) colegios y organizaciones de profesionales y técnicos; las universidades del país –todas-; artistas –todos-; comunicadores sociales y medios sociales de comunicación; la gran reserva intelectual y moral que tiene el país; las ONG (s), etc., etc. Con una direccionalidad -liderazgo- bien definido de la clase política, económica-empresarial, sindical-trabajadores y de toda la sociedad civil, que sepa interpretar correctamente las aspiraciones y el estado de ánimo de la sociedad. Adelantar un proyecto o programa político-económico, para el rescate nacional, para ser presentado al conocimiento de toda la nación, en un futuro gobierno de transición, de emergencia, salvación y unidad nacional. ¿Qué hay que hacer? “En primer lugar, quien asuma por la vía electoral legitima y constitucional el Poder Ejecutivo en un futuro gobierno, Presidente de la República, Jefe del Estado, Comandante en Jefe de La Fuerza Armada Nacional y responsable, primero de las finanzas públicas, debe tener un lenguaje de reconciliación y entender que la gramática del poder exige ciertas condiciones”… Para establecer una autentica y verdadera democracia, es indispensable y necesaria la reconciliación, la tolerancia, la convivencia social sobre la base de un cambio político, económico y social. Rescatar el derecho al voto y la alternancia, que se encuentran secuestrados por el despotismo centralizador autocrático. La libertad inmediata de todos los presos políticos. Superar ante todo la grave y desastrosa crisis económica que está destruyendo el país. El reto que se tiene por delante es muy grande, ante los graves daños ocasionados sobre manera a la economía del país y, sin importarle al actual régimen las consecuencias que esto le ha traído al país. Estamos frente a un régimen autócrata (“El Ejecutivo gobierna solo”) que ha legitimado el insulto permanente, los descalificativos groseros y ofensivos al otro desde el poder, y estimulando la adulancia entre sus seguidores y oportunistas de oficio, son estos meros forros del poder omnívoro que nos engaña, debilita, explota, corrompe y mata… Que ha perdido por completo la capacidad para dirigir políticamente a la sociedad venezolana; imbuido en un ideologismo demoníaco de un “falso socialismo” con un proyecto político fracasado, que ya lleva casi dos décadas de destrucción de la patria y, resuelto a mantenerse despóticamente a todo trance en el poder; haciendo un uso corrompido de las instituciones del Estado; violando todas las normas democráticas y leyes constitucionales, contenidas y consagradas en nuestra carta magna, que le ha permitido a los más destacados personeros del régimen establecer un monopolio privado para enriquecerse ilimitadamente e ilícitamente traficando con el patrimonio público de todos los venezolanos, con objetivos antinacionales; al tiempo en que la mayoría de la ciudadanía se hunde cada vez más en la más extrema pobreza. Concluyo con esta frase que no es de mi autoría: “Con la verdad no ofendo ni temo, ni insulto, ni amenazo.”

 

HUMOR GRÁFICO

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