La miseria espiritual de las masas Francisco Rodríguez-frfrank611@gmail.com

Se puede llegar a estados de envilecimiento individual por efectos del alcohol, las drogas o ciertas experiencias muy desvalorizadoras en la historia de vida de una persona. Pero este proceso de envilecimiento progresivo que no aparece de la noche a la mañana, le puede ocurrir también a la gente colectivamente, a las masas. Situaciones de dominación y sometimiento colonial, tiempo prolongado de esclavitud, de guerras, de hambre, etc. Las etnias indígenas y la población de raza negra sufrieron estos procesos durante siglos y de ahí los múltiples levantamientos y cimarroneras que se produjeron.
En América Latina, largos períodos de dictaduras llevaron a la población, no solo de carácter popular, a corromperse. Las dictaduras del Caribe sostenidas por USA, como es el caso de Trujillo, crearon situaciones de envilecimiento para una dominación más eficaz de la población. Pero no sólo las dictaduras condujeron a situaciones de corrupción moral por el miedo y el hambre, sino que también nuestras democracias representativas condujeron a la gente sobre todo de extracción social popular a estados de degradación y envilecimiento de tipo moral, más que por el miedo, por hambre. El populismo, como estilo de gobierno fundamentado en relaciones clientelares, fue formando legiones de “juan bimbas” ahí en donde habían campesinos y obreros humildes. Se crearon ejércitos de “Lumpen” y “menesterosos” a través de todo el continente americano que se arremolinaban en la periferia de las grandes capitales como México, Caracas, Buenos Aires. Eran los “descamisados” de Eva Perón o los “patas en el suelo” y “pelaos” de México y Venezuela. Mucha de esa gente ingresaron anónimamente en la historia social contemporánea de nuestros países a través de su participación en toda clase de “montoneras”, “asonadas” y “revoluciones” que hemos vivido a lo largo del continente americano subdesarrollado. Al respecto, la historia de Venezuela ha sido muy rica. Hoy observamos en Venezuela y América Latina en general, un cuadro de miseria, hambre y pobreza tanto crítica como extrema a pesar de los esfuerzos, que amenaza con desbordar los límites de contención del sistema social. El “caracazo” es un buen ejemplo de esta situación como fenómeno sociológico “puro” de masas desbordadas y sin ningún freno, no solo de control por los aparatos represivos del estado sino también desde el punto de vista de los controles morales o de la conciencia moral. Masas a punto del desbordamiento total de los límites normativos de la “represa social”. El síndrome podría ser definido como el de la “desesperanza aprendida” o “el desencanto generalizado”. Pero desencanto con respecto a qué? Desencanto con respecto a los líderes viejos y nuevos, quiebra de las expectativas de participar ya no solamente en los bienes sociales y culturales del sistema (salud, educación, etc) sino y lo que es más grave, en la reproducción “biológica del cuerpo” porque la adquisición de la cesta alimentaria es un bello sueño utópico para más del 80% de la población. Crisis y quiebra violenta de las expectativas sociales, desconfianza en los líderes, en el sistema y sus instituciones; incertidumbre porque no sólo no sabemos que pueda pasar mañana sino que mucha gente no sabe qué va a comer mañana.En estos momentos se hace necesario recuperar la confianza en los líderes auténticos, en las instituciones fundamentales y en la capacidad del propio pueblo para “salir de abajo”. El instinto de supervivencia”, no sólo individual sino también de grupo y sobre todo en el caso de Venezuela, la capacidad de reflexión de todo un pueblo que proviene de un campesinado “zamarro”, estoy seguro que nos indicará la salida.

HUMOR GRÁFICO

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