La carta que no vino del vaticano Por: Luis Germán Cabrera Brazón luisgermancabrera @hotmail.com

La heterogénea posición que asumen los blasfemos parlantes del desgobierno, habida cuenta carentes del más mínimo respeto a los ciudadanos, se arrinconan en la creencia que el Papa Católico es un falsificador de oficio. La carta que firmó el sacerdote participante en el conversatorio, era de mentira, según lo expresado por el trucutú del mazo que se chavea por la televisión oficialista.
No habiendo otros después, y para que no quedara dudas, la histórica carta se hiso pública contentiva de los apartes muy bien señaladas, para que el oficialismo cumpliera con lo acordado entre las partes. Para que se entienda mejor: la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), no tiene nada que ofrecerle al desgobierno, ni discutir su accionar político en defensa de la constitución y las leyes; son los oficialistas los que están obligados a rendir cuentas de la profunda crisis que vive el país; de su violación constante a los derechos humanos y utilizan gríngolas para no ver la realidad nacional.
La carta que vino del centro mundial católico, con abultado pensamiento humanista, recoge fehacientemente lo que sienten los venezolanos; cientos de miles de trabajadores han quedado en la miseria, la mayoría están sin trabajo y se acercan a las ciudades para formar un cordón de “trabajadores informales” y da vergüenza verlos en unos tarantines y carretas vendiendo cualquier baratija china, algunas frutas y verduras para ayudar con la vianda para la casa, se les ve adelgazados por el hambre y la penuria. Las ciudades se han llenado de mendigos, ladrones y traficantes menores de sustancias prohibidas a niveles increíbles; para completar la desgracia, el desgobierno todo lo controla, desde una mínima producción artesanal hasta la más grande; la moneda la puso por el suelo y una cooperativa de prostitutas y maricones quebró porque no aguantaron tantas requisas de impuestos y revisión de aposento.
Los pobres no necesitan caridad, regalos, mendrugos, bolsas de comida, sancochos; necesitan justicia para dignificar su existencia, crearles conciencia como aportes válidos para hacerlos libres y tener las mismas oportunidades de quienes se esmeran y aportan conocimientos para el desarrollo del país. Este desgobierno los quiere pobres eternos, porque si los sacan de ese foso de la muerte, se convierten en “escuálidos” y acaban con la revolución, lo dijo el patriarca calvo de la minoría chavista en la Asamblea Nacional.
Como es poco el entramado ya montado a riendas para acabar con lo que queda de país, unas correntinas de voces malvadas se prestan pidiendo la sustitución de la Asamblea Nacional para instalar el Parlamento Comunal, con representantes de las Comunas y movimientos sociales afectos al chavismo, esto sería el último ojal de la bragueta, para darle rienda suelta a ese ímpetu dictadura que necesita sangre en las calles, como demostración de una fuerza ya desvanecida por la forma tan cruel como trata a la población venezolana.
La carta que serviría de opción como aporte para el rescate de la democracia, el innombrable la leyó en el watercloset, ganando tiempo a sus ganas defecante para darle utilidad a ese papel impreso, que en su momento sagrado por el remitente y mensajero, se hubiese tomado la gentileza de valorar el esfuerzo que hacen los venezolanos para no darles larga a este desgracia.
Lamentable la mediocridad e interpretación lectiva que hacen estos desalmados, que no pizcan más allá de sus narices las tantas maldades de las que se cuelgan para apretar, aún más, el sufrimiento que ya es colectivo en la familia venezolana. Arrecian su agresividad contra los que menos tienen capacidad de respuestas. Se burlan de la pobreza de su propia gente. Mienten de la manera más cínica cada vez que se dirigen al país. No se detienen para acusar de enemigos a cualquiera que se atreva enfrentarlos. Maldicen y le sacan la madre a cualquier cristiano. Definitivamente, son unos cobardes. Frente a todo este doloroso drama, se deben reagrupar todas las fuerzas políticas y sociales para, definitivamente, hacerle frente a esta dictadura que no respeta los valores humanos.

HUMOR GRÁFICO

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