La reacción de la masa Por: Francisco Rodríguez

Las masas son por naturaleza, irracionales, excitables, reactivas y por tanto impredecibles. No obedecen a un líder racional sino irracional. Cuando el líder irracional dice “por aquí”, la masa sigue al líder. En parte, el sujeto individual pierde su individualidad cuando está en la masa. En esta situación se sufre un proceso que conduce a un estado de regresión primitiva y primaria. Así, tenemos masas políticas que siguen al líder de un partido o un movimiento político-ideológico. Ellas son capaces de todo por un líder o una causa. Un ejemplo podría ser las masas que seguían a Hitler. Tenemos también masas orgiásticas que siguen a un ídolo musical como son los ídolos del rock. Masas deportivas que son capaces de matar y hasta desencadenar una guerra como la que se produjo entre dos países de Centroamérica por un partido de fútbol. El fanatismo, el fundamentalismo y la polarización con respecto a un enemigo visible causante de todos los males del grupo, genera violencia. En el caso del “linchamiento”, fenómeno muy generalizado hoy en América Latina, es el delincuente ese “enemigo visible” el cual hay que destruir después de causarle múltiples humillaciones y laceraciones. La lógica de los que participan en los linchamientos es la de “Fuente Ovejuna”, del escritor Lope de Vega porque cuando se le preguntó a la gente quien mató al Comendador, éste respondió: Fuenteovejuna fue señor. Y quien es Fuenteovejuna? El pueblo respondió: Fuenteovejuna es “todos a una”. Esto fue exactamente lo que pudimos observar durante el saqueo a los establecimientos comerciales este fin de semana. Pero toda acción social es el producto de un proceso y una historia, un acumulado de males sociales que rodean un comportamiento tan irracional y violento como el linchamiento o los saqueos. Las dificultades para adquirir los alimentos, medicinas y accesorios para los vehículos, por ejemplo. La inflación y la especulación unidas para hacer inaccesible a la mayoría de las personas los alimentos y sobre todo los de más bajo recursos. La dificultad para conseguir efectivo, la escasez de la gasolina y ahora el problema con los billetes de a 100. Todo esto configura un cuadro de malestar, frustración, conflicto y rabia-odio que unido al resentimiento social ya crónico y a la incertidumbre ante la situación económica y política, ha conducido a la gente común a un estado de desesperación. No obstante, nada justifica un comportamiento tan irracional y de tanto nivel de violencia como el que vimos en el comportamiento de “saqueo”. Es un comportamiento vandálico y hasta delictivo que en vez de resolver el problema lo agrava más aún y nos hace una sociedad más pobre y subdesarrollada de lo que ya somos. El ataque a los negocios asiáticos no se justifica porque ellos no son los culpables de la crisis, pero lamentablemente las masas orientan su violencia hacia el que está más cerca, sin importar el daño a gente que presta un servicio público igual que los demás comerciantes. No hay nada más explosivo que el resentimiento social por las injusticias y la impotencia cuando la gente ve cerradas todas las puertas. Por ello es necesario ofrecer alternativas válidas, funcionales y a la mano de la gente común y no quimeras.

HUMOR GRÁFICO

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